‘Stop and think’, un ejercicio necesario, individual e intransferible para las empresas

Publicado lunes 23 de Septiembre de 2019 18:06
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Ya estamos en septiembre.La mayoría de nosotros hemos disfrutado de unas semanas de vacaciones, otros aún están en ello y regresarán 
próximamente, y nos reincorporamos a la actividad un nuevo curso, que en realidad supone encarar el último cuatrimestre del año. Así es, a fecha de esta edición, al ejercicio económico le restan los últimos cuatro meses del ejercicio económico.


Desde mi experiencia profesional, los meses de septiembre y octubre han sido los meses de mayor trascendencia en el ámbito de la reflexión empresarial.
Efectivamente, es el momento idóneo para sentarse, analizar el estado actual de la empresa, analizar las previsiones de lo que resta del año, y, sobretodo, las consecuencias de todo ello.

Las últimas semanas estamos recibiendo una batería de noticias en el ámbito macroeconómico nada halagüeñas: el estancamiento de la economía italiana, la caída de la industria manufacturera china y europea, el parón de la economía alemana, la llegada de menos turistas en el mes de julio, el aumento del paro y la reducción de los afiliados a la Seguridad Social, la minoración de las exportaciones…, todo ello aderezado con el Brexit, muy próximo, la guerra comercial EE.UU.—China, y un run-run constante que prevé la aproximación de una nueva recesión a nivel global. Más allá de todas esas noticias, cada sector tiene sus luces y sombras, y por lo tanto, es cada empresa la que debe hacer su valoración propia, porque, a modo de ejemplo, y aunque sea de manera momentánea, al sector de la vivienda no le están perjudicando esas estadísticas.


A la vista de todo lo anterior, nos encontramos en el momento idóneo para analizar con los diferentes asesores de la empresa (mercantiles, fiscales,  laborales, etc.) la situación actual y cómo podrían afectar determinadas circunstancias al funcionamiento futuro de la empresa. En una frase- eslogan: Stop  and Think. Un ejercicio necesario que, para que realmente sirva de algo, tiene que ser individual e intransferible, porque cada empresa es un mundo. Considerando mi posición de asesor fiscal, existen análisis muy básicos. 

– Plan General Contable a aplicar. No es lo mismo aplicar el PGC PYMES que el PGC, o estar obligado a auditar Cuentas Anuales. A modo de ejemplo, el PGC PYMES puede ser más benévolo con una cartera financiera especulativa a más de un año si sus activos los clasificamos como Activos financieros a coste (no cabe reconocer los incrementos de valor de la cartera), cosa que no sucedería con el PGC normal (nos exige actualizar a valor razonable a cierre del ejercicio), con independencia se clasificasen como Activos mantenidos para negociar, o Activos disponibles para la venta. Ello no resulta indiferente porque entrando en materia fiscal, los deterioros no son deducibles (generando una diferencia temporal), pero nada dice la Ley del  impuesto sobre Sociedades respecto de los beneficios implícitos actualizados contablemente, los cuales sí tributarían a efectos del Impuesto. Si ya  entramos en el ámbito de la auditoría, nos encontramos con la intervención de la Cuentas Anuales por un tercero independiente que en caso de no  procesar la información correctamente, se le puede derivar responsabilidad (ahí tenemos los casos sonados de la CAM, Bankia, Pescanova o Gowex).

– Alcanzar la condición de Gran Empresa. El concepto de Gran Empresa es propiamente de IVA y viene considerado por la obtención de un volumen de  operaciones superior a 6.010.121,04 Euros (ojo que no tiene por que coincidir con el concepto contable de Importe Neto de la Cifra de Negocios). Alcanzar tal volumen supone un incremento sustancial de las cargas administrativas, ya que las declaraciones tributarias ya no se presentan con  carácter trimestral, sino que pasan a ser de presentación mensual (12 declaraciones en lugar de 4). Además, el pago fraccionado del Impuesto sobre  Sociedades correspondiente a los meses de abril, octubre y diciembre deja de calcularse mediante un tipo fijo sobre la cuota íntegra ajustada de la última  declaración por el Impuesto presentada, pasando a calcularse tomando como base el resultado corriente del ejercicio, lo que exige tres cuatro cierres contables y fiscales cada ejercicio. Pero sobre todo, si por algo se teme por una empresa pequeña superar dicho umbral es por la implementación  inmediata del SII (Suministro Inmediato de información) de IVA que supone comunicar a Hacienda, cada cuatro días, la totalidad de las facturas emitidas y recibidas en dicho periodo, lo que supone, evidentemente, una inversión en software e, incluso, en personal.

– Anticipar o demorar inversiones. La existencia de incentivos fiscales, la abolición de los mismos en un futuro inmediato, o la creación de nuevos, puede  requerir un análisis sobre la necesidad de anticipar o demorar inversiones.

– Introducción de sistemas de retribución flexible. Se trata de sistemas retributivos que, sin suponer un incremento del gasto en concepto de salario, permiten la obtención de un mayor neto en los empleados, sin coste fiscal para ellos.

– Cumplimiento de las condiciones de empresa familiar para la aplicación de la exención en el Impuesto sobre el Patrimonio, y eventual aplicación de la reducción del 95% sobre el valor de la sociedad en el Impuesto sobre Sucesiones y Donaciones.

– Cumplimiento de las condiciones para considerar como deducible la retribución de los Administradores. Tan debatido desde la reconocida sentencia Mahou de 2008.


– Estado de los fondos propios. Para evitar situaciones de desequilibrio patrimonial que exijan la disolución social. No obstante, lo más relevante en estos encuentros es fijar unos objetivos en horizontes distintos (a un año, a cinco años y a diez años) para adecuar la estructura societaria a las necesidades de la sociedad y sus socios en los diferentes momentos. A modo de ejemplo, no tienen las mismas necesidades una empresa familiar cuya segunda generación, constituida por dos hermanos, se encuentra totalmente centrada en el desarrollo de la actividad, que otra empresa familiar cuya nueva generación no tiene  interés en continuar en el ejercicio de la misma (destino venta?), u otra que se encuentra gestionada por una segunda generación (varios hermanos), pero  empiezan a asomar la cabeza los de la tercera generación (primos), lo que puede generar una dispersión del capital, bloqueos, dificultades para obtener mayorías, que perjudican el devenir de la sociedad. 

Son esas problemáticas, entre otras muchas que pueda  ener cada empresa, las que tienen ahora su momento de reflexión, disponiendo del tiempo  necesario, hasta final del ejercicio, para ofrecer y estudiar soluciones.